Carreras matutinas (o nocturnas)

Salir a correr es la mejor forma que tengo de empezar o acabar el día. Me gustaría decir que soy constante, pero también me gustaría decir la verdad, así que lo dejaré en decir que trato de hacerlo lo más seguido que pueda. Unos cuantos kilómetros + un buen podcast o audiolibro (no puedo con la necesidad de siempre estar aprendiendo cosas nuevas -aunque tampoco negaré que tengo algunas playlists para correr y quizás en algún momento las comparta-), y estoy listo para lo que venga.

Las partes rojas son donde más me canso.

Últimamente estoy explorando nuevas rutas. El malecón de Miraflores es bastante práctico, pero después de un rato necesito cambiar de suelo. A veces me animo a bajar a la playa y a veces me voy en otra dirección. Pero por cuestiones prácticas suelo mantener ciertos tramos siempre, y uno de esos es el que pasa frente a la estatua de Antonio Cisneros.

La verdad no sé mucho (la verdad nada) sobre él, pero la estatua tiene una particularidad. A la altura de su pecho, hacia el lado izquierdo, adornando el bolsillo, siempre lleva flores. No sé quién las coloca ahí. ¿La municipalidad? Lo dudo. ¿Su familia? Tal vez. ¿Gente que pasa caminando y se les hizo costumbre? Lo más probable. Dicho eso, no me interesa. Solo que es agradablemente predecible saber que cada vez que pase por ahí, alguien se habrá tomado la molestia de darle un poco más de vida a una figura inmóvil. Y si alguna vez no hay flores, quizás me toque a mi hacerlo. O quizás no. Parar mientras estás corriendo puede ser malo para el ritmo de la carrera y me quedo sin aire más rápido.

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar