No puedo dormir

«Tu problema es que eres como un niño, no te vas a dormir, te quedas dormido.» – me dijo una amiga una vez cuando traté de explicarle mi problema para conciliar el sueño. De por sí la palabra «conciliar» lo hace sonar como una especie de conflicto. Como si dormir fuera una tarea que me rehuso a realizar, pero que cada cierto tiempo me derrota.

En mis peores momentos, me he trasnochado sin darle mayor importancia. Y en los mejores, me he quedado dormido luego de agotarme físicamente o mentalmente de formas exageradas (correr durante una hora, o leer hasta que el libro se caiga encima de mi cara).

Recuerdo que una vez no podía dormir y decidí empezar a leer Ensayo sobre la ceguera. Nunca me quedé dormido (aunque si soy honesto, aún no acabo el libro).

A veces me doy cuenta que ya estoy listo para dormir, como una fruta madura, pero cuando por fin apago todo y cierro los ojos, es que como si el sueño se fuera y la fruta estaba verde. Algo así como si el sueño viniera a mi solo cuando no lo quiero.

Lo irónico, es que durante el día, el sueño me puede agarrar en los peores momentos: en el trabajo, mientras converso con alguien, en el bus, manejando (aunque felizmente esto ya no pasa), después de almorzar, y una vez incluso me quedé dormido en el Sargento. Sobrio.

Y no me malentiendan, una vez que me quedo dormido, me encanta dormir. Tanto así que despertarme es una de las tareas más dolorosas que me pueden pedir.

Hay una teoría científica llamada jetlag social. Según esta, las personas que no tienen un horario regular de sueño, tienen los mismos efectos que las personas que cambian de zona horaria. Se da mucho en personas que tienen un horario los días de semana y otro distinto los fines de semana, lo que termina confundiendo su reloj interno (el famoso ciclo ciracadiano). Esto, como es de esperarse, tiene efectos negativos en la salud similares a los del insomnio.

El jet lag social está asociado «con una salud más pobre, enfermedades de corazón, peor estado de humor y una mayor fatiga y somnolencia«.

Conclusiones del estudio liderado por Michael A. Grandner y publicado en la revista Sleep. (¿Hay toda una revista dedicada al sueño?)

Algo parecido sucede con los adolescentes, que necesitan dormir alrededor de 9 horas diarias para poder funcionar bien. No sé ustedes, pero ese nunca fue mi caso. Y ahora que tengo la edad de dos adolescentes, creo que necesito el doble de sueño. Mi gato tiene la vida que yo necesito.

Pero creo que detrás siempre hay algo más. Dormir debería ser un respiro, un alivio. Y no puedo interiorizar esa idea. Se siente como una obligación. Como una pérdida de tiempo. ¿Por qué tenemos que dormir? Hay gente que duerme poco y funciona bien. Hay mucho que decir sobre el sueño, y hasta donde encuentro, nadie está totalmente seguro de por qué NECESITAMOS dormir. El único consenso es que dormimos porque nos da sueño.

Y sin embargo, hay algo real. Una vez que me quedo dormido, estoy contento y no quiero despertarme rápido.

No lo sé, quizás mi amiga tenía razón, y soy como un niño.

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