«Bruno tiene tiempo libre» no es tanto una descripción de la realidad, sino más una afirmación instantánea, o un deseo constantemente mal conjugado.
Quizás por eso es que desde mi segundo blog, es el nombre que elegí para mis espacios en la red (el primero se llamaba Laberinto Urbano, y a pesar de haber tenido algunos lectores terminó siendo un depósito de reflexiones que se iban acercando exponencialmente a lo deprimente).

El primer Bruno Tiene Tiempo Libre fue tumblr. Lamentablemente ya no existe. En el colegio me había aventurado por los geocities, esas ruinas digitales que hoy existen en la memoria colectiva del Internet como primitivas civilizaciones de una época en la que uno tenía que esforzarse para poder compartir memes.
Antes de eso existían webs hechas de forma manual, pero eso era el equivalente a los primeros primates bajando de los árboles para encontrar su lugar en el suelo. Luego aparecieron las redes sociales y en tan sólo unos años, el homo sapiens del Facebook desterró a los neandertales y cromagnones de Hi5 y mySpace.
Internet fue tomando un orden.
Y en este orden existían los blogs. Pequeños reinos independientes. Algunos crecieron para volverse imperios. Otros evolucionaron para volverse medios informativos. Y el abandono de otros hizo que finalmente los blogs pasarán a ser un esfuerzo que sólo algunos estaban dispuestos a seguir.
Hoy vivimos en la era de las experiencias audiovisuales. Los podcasts han reemplazado a los blogs, y los youtubers e influencer son los nuevos creadores de contenidos.
¿Y dónde quedaron mis blogs? Bueno, ya compartí antes Laberinto Urbano, pero quiero dejarles el que vino después. Mi preferido, porque en este publiqué durante tres meses un pequeño cómic con una versión en dibujo de mis ideas más extrañas. Ese fue el primer «Bruno Tiene Tiempo Libre«.

Y para muestra de lo que había ahí, una muestra de mis top 3 cómics (que cabe señalar, fueron el inicio de mi vida en Twitter).



¿Alguien quiere que los vuelva a hacer?
Deja un comentario