La historia de la canción más hermosa del mundo

El arte es subjetivo, y el gusto por este depende totalmente de la óptica del público. Esto es una forma pretenciosa de decir que si a mi me gusta algo, no tiene porqué gustarles a ustedes.

Pero se equivocan, porque existe una canción que es objetivamente la canción más hermosa del mundo, y no hay mejor fecha para hablar de ella que el mes de marzo.

Hay dos formas de leer esto. Una, es leer todo, y luego escucharla, construyendo así una expectativa que se cumplirá de forma satisfactoria; la otra es escucharla primero, y luego leer la historia y entender posteriormente qué acaba de pasar. Depende de ustedes, así que dejaré el enlace aquí a, a una versión en Spotify, y al final a otra versión en video (y eso también tiene una razón de ser).

(Una tercera opción es que ya conocieran la canción, pero en ese caso, al final del post hay algo para ustedes también.)

Aguas de março apareció por primera vez en un EP de de mayo de 1972, titulado O tom de Antonio Carlos Jobim e o tal de João Bosco como composición original de Antonio Carlos Jobim, uno de los cantautores más importantes de la música brasilera, padre de la bossa nova. Hoy en día, encontrar uno de esos EPs originales es muy difícil, pues eran publicaciones que venían como un bono de una revista y no se tomaban muy en serio. Algo así como cuando La República sacaba sus colecciones de lo mejor del rock, pero con temas originales.

De ahí en adelante, el tema fue agarrando popularidad a medida que se hacían más covers en distintas partes del mundo. Algunos artistas notables que hicieron covers incluyen a Sérgio Mendes, João Gilberto, Stan Getz, Mina, Art Garfunkel, entre otros.

Pero hay una versión que según muchos críticos y especialistas, pero más importante, según esa sensación que produce en mi estómago escucharla, es la definitiva: el dueto de Elis Regina y el mismo Tom Jobim.

Elis Regina ya había hecho un cover, el mismo año que salió la canción, pero dos años después, tuvo la oportunidad de grabarla con el autor. Ella, cantante de bossa contemporánea a Jobim, siempre había querido grabar un disco de temas de él CON él. Y así, en su décimo aniversario con Philips Records (división de la misma empresa que hace focos y licuadoras), la disquera le otorgó ese regalo. Y en un rato volveré a eso.

Aguas de março es el diálogo perfecto entre letra y melodía (sí, como la película de Hugh Grant y Drew Barrymore). Incluso sin hablar portugués, queda claro que la letra hace una lista de cosas, mientras la melodía va descendiendo, acercándonos al final de esa lista. Esto no es coincidencia, esa lista describe objetos y elementos que suelen verse cuando el río crece con las lluvias de marzo, cuando el verano en Brasil acaba, y se lleva el desmonte y la basura de las laderas. Al igual que Thanos, el agua que viene con la crecida del río es inevitable, y es inevitable que se lleve consigo lo que encuentre a su paso. Tiene más sentido si tenemos en cuenta, que según cuentan, Jobim estaba construyendo su casa en el campo mientras componía esta canción. Se acaba el verano, vienen las lluvias, se lleva lo viejo. Y de pronto ese alegre ritmo, acompañado de un flujo de consciencia hecho lírica, se vuelve una metáfora de algo que nos espera a todos: la muerte.

Y sin embargo…

Sin embargo es muy difícil estar triste si es que esa es la forma en la que la muerte viene por nosotros. Como una canción que no puedes evitar que se te pegue, pero al mismo tiempo no sabes bien a dónde te lleva. Solo sabes que sigue descendiendo de forma satisfactoria. Y está bien así. Está bien que lleguen las lluvias, que el verano se vaya acabando, que se lleve lo que acabó, y deje espacio para lo nuevo. Es triste dejarlo ir, pero es peor si se queda ahí cuando acabó su tiempo. Como fruta que nos olvidamos de comer. Como… bueno, todos sabemos cómo.

En 1974, la felicidad de Elis Regina era palpable durante los 16 días que demoró grabar Elis & Tom, el disco donde aparece esta versión. Según cuentan los testigos, la magia de esta colaboración surgió de una delgada línea entre ensayos y simplemente parar juntos, conociéndose, entendiéndose, comiendo e intercambiando ideas.

Durante la canción -que además abre el álbum-, mientras enumeran palo, piedra, resto, tocón, poco, solo, trozo, cristal, vida, sol, noche, muerte, lazo, anzuelo, Elis (quien para este momento ha salido y regresado al plano con un cigarro en la mano), empieza a reírse. Y debe ser la risa más maravillosa de la historia.

No les voy a dejar letras sueltas, mejor les comparto esta grabación de la sesión del estudio subtitulada en español (y portugués). De paso menciono que en épocas en las que los videoclips han pasado por distintos niveles de producción, pocos emocionan tanto con tan poco.

Elis Regina murió seis años después, por una sobredosis accidental de cocaína. Tenía 36 años.

No quiero bajonear a nadie con ese último dato, pero siento que la historia no está completa sin eso. Esa canción no fue lo último que hizo, y siendo honestos, no conozco tanto sobre su discografía como para hablar mucho más de ella. Me quedé en ese disco. Tom Jobim vivió hasta los 67 años, en 1994. Las aguas de marzo siguen corriendo en Brasil, y la canción ha sido considerada varias veces como una de las mejores (si no la mejor) canciones de la música de Brasil.

Ahora, puede que después de todo esto estén de acuerdo conmigo. Puede que no y que solo les cause gracia mi exageración, o incluso puede que en este momento les sea indiferente. Pero un día, van a estar caminando, y va a empezar a llover, y esa semilla que dejó la risa de Elis Regina mientras recitaba las ideas de Tom Jobim, va a germinar una emoción pequeña, extraña, una mezcla de alegría y tristeza (¿saudade?), y entenderán el sentido de este post.

Y todo esto empezó por una promo de Adult Swim que vi en Cartoon Network hace más de 15 años.

Por eso siempre veré dibujos animados.

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