En estos tiempos era difícil pensar que otra algo distinto al COVID-19 iba a merecer nuestra atención a gran escala. Alas, qué equivocados estábamos. Todo empezó con una muerte (más) por ejecución extrajudicial de un grupo de policías a George Floyd, un hombre afroamericano en Minneapolis, EEUU. Un oficial, de esos que dicen «para servir y proteger» lo asfixió con su su rodilla. No es el primer caso, y lamentablemente, no será el último. Pero la indignación esta vez pudo más.
Bajo el grito de batalla de #BlackLivesMatter, las minorías en EEUU se levantaron para tratar de hacer justicia, reclamando por su derecho a no morir. Las protestas, en muchos lados escaladas por la respuesta policial, han llevado a más violencia y destrucción, donde la falta de autoridad se ve reflejada en lo que se ha convertido en una especie de absolutismo, y muestra de que en EEUU no hay presidente (algo que estaba claro hace tiempo), y que la entrada de Trump a la Casa Blanca lo único que hizo fue validar y empoderar a los conservadores más retrógrados, racistas, fachistas y llenos de odio y resentimiento hacia todo aquello que no conocen y no entienden en el mundo. Pero quizás lo más aterrador de todo esto, es que, estas necesarias protestas, están sucediendo en medio de la pandemia del COVID-19, y la cantidad de gente que va a morir por eso, en un país donde de por sí nunca se tomaron las medidas adecuadas, y donde el sistema de salud es inaccesible, es posiblemente incalculable. Espero lo mejor.
A la distancia, es difícil realmente saber cómo reaccionar ante algo así. Nuestro apoyo por redes es distante y se queda corto. Y no estamos precisamente en condiciones de hacer donaciones -que tanto se necesitan allá ahorita-. ¿Qué podemos hacer? Aunque parezca poco, compartir información, hacer sentir nuestra indignación, es válido, así no sea nuestro país, pero debemos acompañar eso de una mirada introspectiva, tanto personal, como regional y nacional. Entendamos cómo somos cómplices del racismo institucionalizado en nosotros, y cómo podemos derrotarlo. Y eduquémonos, que nadie tiene que hacerlo por nosotros.
Por otro lado, mientras acá junio da inicio al mes de la Cultura Afroperuana, y en el resto del mundo da inicio al mes del orgullo LGTBIQ+. Y es importante, sobre todo en el contexto de la pandemia, donde tantas personas están aisladas, seguir recordando que se trata de una parte de nuestra población que importante, que existe, que es extremadamente vulnerable al maltrato y al odio innecesario de la gente. Nuestrxs hermanxs LGTBIQ+ necesitan de nuestro apoyo, y tenemos que ponernos la mochila al hombro. No callarnos cuando veamos discriminación, no callarnos cuando veamos odio, no callarnos cuando veamos maltrato.
En estos dos importantes casos, recordemos que no ser parte de la solución, es ser parte del problema. O puesto de manera más sencilla, quedarse callado es estar del lado del opresor.
Mañana se estrena Brigada de Monstruos, de los amigos de La Taberna, no dejen de verlos. El miércoles habrá un nuevo capítulo de Café en mi Tiempo Libre, y el viernes una entrevista. No sé qué más anunciar ahora, ya me arriesgo bastante con eso.
Vayan y tómense un respiro. Lo necesitamos. Les dejo una linda ilustración

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